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Iluminación del Alma

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La frase Iluminación del Alma se utiliza una y otra vez en la literatura de la Fraternitas Rosæ Crucis. Para lograr una comprensión cabal de la Gran Obra es primordial que la persona entienda perfectamente esta frase. 

Eones atrás, cuando nuestra naturaleza animal logró corromper a nuestra parte angelical,  nuestra Alma fue desplazada del centro que había establecido cuando entró por primera vez al cuerpo humano "animal". En la literatura sagrada este Centro del Alma es conocido como el trono, el sagrario interior o el sanctum sanctorum. El Alma sólo puede establecer contacto consciente con Dios, el Creador, desde este Centro. La primera parte de la Gran Obra es la transmutación; la segunda parte está dada por el esfuerzo para ayudar al remanente de nuestra Alma, la Chispa Divina, a hacerse presente y reconstruir su centro, el Centro del Alma. El resultado que se obtiene a través de la reconstrucción del Centro del Alma es el estado conocido como Iluminación del Alma, que nos garantiza la inmortalidad. 

Una metáfora acerca de la Iluminación del Alma

Tal vez podemos aclarar este concepto si vemos la combinación original de ángeles y humanos como una nación, gobernada por un Iniciado, ya sea un rey o una reina, como ocurría en una gran parte de las civilizaciones más elevadas de la antigüedad. Dado que la  literatura arcana y sagrada a menudo ser refiere al alma como una divinidad femenina, vamos a proseguir con esta metáfora utilizando como gobernante a una reina:

Esta reina Iniciada era nuestro ser angelical (alma) y la nación que ella gobernaba era nuestro ser animal, nuestro ser mortal inferior.  Ella era como Salomón, justa, compasiva y misericordiosa. Siempre intentó seguir la Ley Divina en todos los aspectos de la vida, porque esa era la Ley de su ser y la de sus súbditos.

La nación prosperó y creció en sabiduría y fortaleza bajo la dirección de esta mandataria justa y gentil. Sin embargo, como ocurría comúnmente en esa época, igual como sucede en la actualidad, hubo quienes no aprobaban su gobierno, porque querían hacer aquellas cosas que la Ley Divina no permitía. La justa Reina no cedió a sus requerimientos. Mientras ella estuvo en su trono cumpliendo con la Ley Divina no pudieron hacer mucho, porque ella, en dicho trono, era invencible.

Un día un espía que pretendía entablar amistad con la reina, pero que en realidad estaba aliado a quienes querían derrocarla (nuestras pasiones inferiores), le sugirió que podría llegar a conocer mejor a su gente si iba a vivir donde ellos vivían, compartiendo de ese modo con ellos y conociendo sus costumbres.

A la Reina le pareció una idea bastante buena, así es que se vistió con ropa común y corriente y se fue a vivir como lo hacía la gente de su país. Una vez que la bondadosa Reina estuvo alejada de su trono (Centro del Alma) y entre la gente común (susceptible a las bajas pasiones humanas), las fuerzas renegadas pudieron organizar un golpe de Estado, intentando incluso asesinar a la buena Reina. No pudieron matarla, pero sí lograron arrebatarle su trono, lo que la obligó a huir y a ocultarse en un sitio donde no podrían encontrarla para destruirla. Este es el lugar donde ella aún vive en la mayoría de los individuos. Aunque las fuerzas inferiores del cuerpo no pudieron destruirla (excepto en algunos casos), la única forma que ella tiene de ayudar a guiar a su pueblo es a través de unas pocas comunicaciones, bastante débiles (nuestra conciencia), que ella logra enviar eludiendo la vigilancia de los dictadores que ahora controlan esta nación (nuestro dominante ser mortal inferior).

 Ahora que las fuerzas renegadas tienen el control de la nación, casi no existe justicia. El común de la gente vive una vida de silenciosa desesperación y grandes sufrimientos. Al principio los ciudadanos de la nación le prestaron atención a los cantos de sirena de los rebeldes, pero pronto se dieron cuenta de lo que habían perdido y ahora añoran la sabiduría de su Reina, que sigue exiliada, sin saber cómo ayudarla a volver al poder. Los rebeldes (nuestras pasiones inferiores) prometen mucho, pero ofrecen poco; sólo otorgan placeres efímeros, seguidos de dolor y sufrimiento permanentes. Ellos ofrecen circo en lugar de Pan de Vida, igual que los emperadores de la antigua Roma.

¡Pero la Reina depuesta no ha olvidado al pueblo! A pesar de que en el exilio se encuentra muy débil y la tratan bastante mal, ella siempre está intentando ayudar a su nación. Envía distintos emisarios a conseguir ayuda de la nación para reinstaurarla al lugar que le corresponde, pero en casi todos los casos los rebeldes convencen a los ciudadanos de que estos emisarios son sólo falsos profetas, que la Reina está realmente muerta, y que ellos, las pasiones mortales de cada uno, son la única realidad.

Esta es la situación en que se encuentra la mayoría de los individuos hoy en día. Nuestra justa Reina (nuestra Alma) también ha sido exiliada y ahora permanece oculta. Más aún, está en un estado deplorable, porque le damos muy poco apoyo. Tiene que vivir en la miseria y vestirse con harapos. A fin de reinstalar en su trono a nuestra reina justa e imparcial, debemos hacer varias cosas:

En primer lugar, debemos hacer todo lo posible para convencerla de que queremos que regrese a su trono. Después de todo, fuimos nosotros los que escuchamos a los rebeldes y permitimos que la desplazaran. Una de las mejores formas que tenemos de convencerla de nuestra sinceridad, es rechazando los cantos de sirena de los rebeldes e intentando seguir nuevamente los caminos de la Ley Divina que nuestra Reina fiel nos enseñó tanto tiempo atrás. A medida que pasa el tiempo, y vamos subsanando los graves maltratos que infligimos a nuestra Reina, podremos ayudarla a investirse como un verdadero monarca y a usar los atuendos que le corresponden. Ciertamente no podemos sentar en el trono a una reina vestida con sucios harapos (nuestras pasadas deudas kármicas) y esperar que sea aceptada como la gobernante grande y noble que es. Una vez que le hayamos asegurado, a través de nuestros deseos y esfuerzos, que queremos que reine nuevamente, debemos retirar, en primer lugar, su ropaje raído (transmutando nuestras pasiones innobles), vistiéndola luego con los atuendos adecuados a su investidura (reemplazando nuestros pensamientos y acciones previos por aquellos de carácter más exaltado) y, finalmente, ayudarle a reconstruir su trono (el asiento del Alma) usando los métodos enseñados en todas las auténticas Escuelas de Misterio. Sólo cuando se logre todo esto, ella podrá regresar y ser coronada nuevamente por el Creador (Iluminación de Alma).

Este procedimiento, que consiste en el desarrollo de la Chispa Divina hasta su transformación en una gloriosa Alma radiante en su Centro, es el quid de lo que las antiguas escuelas secretas llaman "Misterios". Es un proceso que se enseña en todas las auténticas escuelas de misterios desde los tiempos en que las almas comenzaron a habitar en seres conscientes. Este mismo procedimiento fue enseñado en las Escuelas de Misterios de Egipto y también por los Pitagóricos, las escuelas Gnósticas, los Magos de Persia y los Alquimistas. El Nazareno enseñó a sus discípulos este "Misterio" usando el mismo método que se enseña hoy en la Fraternitas Rosæ Crucis.

La Iluminación de Alma es el estado que se produce cuando la Chispa Divina (el remanente de nuestra parte angelical) ha completado su Centro y ha recibido vida del “fuego” espiritual (Iluminación) de Dios. Una vez que esto ocurre, la mortalidad humana se reviste de inmortalidad, y el ser angelical en nuestro interior tiene nuevamente el control de nuestro ser.

Descripción bíblica de la Iluminación del Alma

Uno de los pasajes más fascinantes y reveladores del Nuevo Testamento es aquel que describe la Iluminación del Alma de los apóstoles durante Pentecostés:

"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimemente juntos.

 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el espíritu les daba que hablasen. "

(Hechos 2: 1-4)

En toda la literatura disponible al público no hay una descripción de la Iluminación del Alma más precisa y más hermosa que ésta. El Espíritu Santo es el Alma iluminada, es decir, el Alma en su Centro, que ha sido activada por el "fuego" del creador desde lo alto. Los escritores bíblicos hablaron de "lenguas de fuego", porque a eso se parecía la fuerza Iluminadora. No tenían mejores palabras para describirla, y de hecho no lo podemos hacer mucho mejor hoy en día.

El Nazareno había preparado cuidadosamente a sus apóstoles para el día de Pentecostés. Les había enseñado la Ley Divina y ellos habían aprendido a obedecerla; habían dado los primeros pasos de la Gran Obra y sólo necesitaban un último esfuerzo de su Alma embrionaria para que ésta se preparara para el fuego Iluminador del Creador.

Conclusión

Usando una analogía más mundana, podemos comparar a la Iluminación del Alma, con el movimiento del interruptor para encender las luces de un estadio recién construido. Antes de que se puedan encender las luces para iluminar la estructura, se requiere de una gran cantidad de planificación, esfuerzo y trabajo. Sólo después de todo este trabajo se puede realizar el movimiento en el interruptor. Lo mismo ocurre con la Iluminación de nuestra propia Alma. El verdadero trabajo debe hacerse antes; la Iluminación del Alma en sí es sólo la culminación de este proceso.  

Aun cuando la Iluminación del Alma es un hito importante en el desarrollo espiritual potencial de hombres y mujeres, no es un fin en sí mismo, sino más bien la manifestación de un grado de comprensión diferente. Si el estudiante de la Gran Obra es dedicado en sus esfuerzos hacia el progreso espiritual, la Chispa Divina puede llegar a construir e Iluminar el Centro del Alma antes de que el individuo pague todas sus deudas terrenales. Una vez que el estudiante ha alcanzado la Iluminación del Alma debería ser mucho más fácil para él pagar las deudas que le quedan, puesto que ahora su Alma tiene una nueva forma de ver las cosas y, en consecuencia, la persona va a entender mejor la Ley Divina y lo más probable es que viva más en armonía con ella.

En la literatura Arcana la Iluminación del Alma se puede presentar bajo muchos otros nombres, tales como Iniciación Filosófica, Consciencia del Alma, Consciencia Cósmica o  Consciencia de Dios. Si bien estos términos pueden tener un significado ligeramente diferente para el Iniciado, podemos considerar que quieren decir más o menos lo mismo, puesto que la verdadera diferencia entre ellos está en el grado o nivel y no en su naturaleza.

Un Alma Consciente resumió poéticamente la Iluminación del Alma de la siguiente manera:

"La Chispa Divina de cada individuo debe convertirse en un centro integral y perfectamente definido de Luz pura, blanca, y radiante; un núcleo dinámico o centro de fuego que es la expresión del amor y la compasión, de la bondad y la generosidad y de la devoción y la adoración.  

Somos el arquitecto cuya Misión Divina es la de Reconstruir el templo siguiendo el modelo usado por Salomón. Tenemos que crear una estructura espiritual que no se construye con las manos, ni con el sonido de un martillo, sino mediante un deseo refinado y exaltado y una devoción y adoración por todo lo que es hermoso; a través del amor en nuestro corazón y la sabiduría que podemos obtener de la Ley Divina. La Luz sobre el Altar, en el Sanctum Sanctorum más interno, será la Llama que es amor proveniente de Dios, quien es amor."